miércoles, 10 de septiembre de 2014

Angustia del 8º mes

“Hasta hace apenas unos meses mi pequeño era un bebe sociable que no mostraba temor a los extraños e iba de brazo en brazo sin temor alguno, “no extrañaba”. Desde hace aproximadamente un mes, coincidiendo con su  8º cumple mes muestra temor a los extraños y cuando vamos a casa de mi madre o de algún otro familiar no se suelta de mis brazos. No entiendo lo que pasa...Está muy “enmadrado” ?

Esta es una consulta habitual en el primer año de vida. Las madres se preocupan por ese repentino cambio de carácter. Trataré de explicar como opera el psiquismo del bebé y que ocurre en este momento evolutivo 

Imaginemos la siguiente escena. Nuestra madre, a lo largo de nuestros primeros meses de vida, gracias a lo que Winnicott denomina “preocupación maternal primaria”, respondiendo y traduciendo nuestras necesidades básicas a la perfección, se las ha arreglado para crear un escenario ilusorio, falso, pero necesario, el cual nos hace pensar que no existe un “otro”, sino una unidad indiferenciada mamá-bebé en la que yo, bebé, controlo la satisfacción de mis propias necesidades. No existe una sensación real de necesidad, sino una cierta omnipotencia.

De repente, y coincidiendo con el desarrollo de nuestras capacidades cognitivas y motrices (gateo) descubrimos que mamá y yo somos “personitas” separadas. Cae la sensación de autosuficiencia, de omnipotencia, el “otro” nos hace falta pero no nos vale  cualquier “otro” sino ese “otro” que hasta ahora reconocíamos como parte integrante de nosotros. Ese otro que cubría al instante nuestras carencias ahora puede irse, esfumarse...y eso nos angustia.   

Algunos autores coinciden en señalar que hasta ese momento clave no podríamos hablar ni si quiera de vínculo porque para que exista un vínculo serían necesarias dos seres diferenciados. Nuestro hijo no está muy “enmadrado”,está mostrando un claro signo de madurez psíquica. Lo que podría interpretarse como un retroceso evolutivo es el inicio de un largo camino a recorrer hacia la independencia. 

Existen juegos clásicos con los bebés como el Cucú en los que de manera lúdica el bebé puede poner en práctica la alternancia entre presencia-ausencia que le ayudarán a tolerar las separaciones de sus figuras de apego. 


domingo, 24 de marzo de 2013

Teoría de la simbiosis (III)

Separación-individuación

La fase comienza según Mahler, alrededor del quinto mes y concluye alrededor del tercer año de edad aunque es posible que continúe a lo largo de toda la vida. En el tratamiento psicológico de adultos se busca, en muchos casos, resolver dificultades en procesos de separación-individuación no concluidos.

Mahler establece  en 4 subfases:

1. Diferenciación: Se inicia en el quinto mes y termina en el octavo. Para que sea posible el desarrollo de esta subfase deben coincidir tres logros evolutivos:  
  • Adquisición de la relación simbiótica, expresada en conductas como la aparición de la sonrisa específica del bebé ante el rostro o la voz de su madre.
  • Logro de un desarrollo neurofisiológico que le permita periodos mayores de vigilia
  • Adquisición de ciertas habilidades motrices que faciliten la extensión de su percepción más allá de la simbiosis lograda.
El éxito  en la consolidación de la fase simbiótica incidirá  en la facilidad con la que se produce la diferenciación, una fase simbiótica defectuosa puede retrasar el inicio de la diferenciación o acelerarla, lo que provocará una intensa angustia en el niño.

2. Ejercitación locomotriz: Se inicia entre los 8 meses y termina a los quince aproximadamente.

Se divide en dos etapas:
  • Ejercitación temprana; los niños comienzan a gatear y adquieren progresivamente las habilidades necesarias para separarse físicamente de su madre, cuando el niño regresa para estar junto a la madre unos instantes y luego se vuelve a alejar, parece ser una búsqueda de recarga emocional.
  • Ejercitación propiamente dicha; el niño experimenta placer en el uso de su cuerpo, la energía dirigida en un primer momento en las habilidades motrices van poco a poco desplazándose hacia el "Yo" autónomo en desarrollo.

3. Acercamiento: El niño llega con las capacidades necesarias para la locomoción y las  habilidades para el juego simbólico y el lenguaje adquiridas:
  • Comienzo del acercamiento: El niño regresa con su madre, pero no por recarga emocional, sino para compartir con ella sus logros y sus hallazgos, refuerza su "Yo".
  • La crisis del acercamiento: Existe un conflicto entre el ejercicio de la autonomía del niño y la necesidad de la madre para satisfacer sus deseos, por lo que se alternan estas dos actividades
4. Logro de la Constancia Objetal: Para que el niño logre las metas de esta subfase el objeto debe estar disponible intrapsíquicamente, esto significa que puede evocar a la madre sin dificultad, aunque no la este viendo.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Teoría de la simbiosis humana (II)

Mahler (1977), a partir de sus investigaciones nos describe las siguientes fases en la construcción del psiquismo;

1ª FASE

Se prolonga desde el nacimiento hasta el primer mes . El niño está sumido en un estado de somnolencia del que emerge sólo al realizar las actividades necesarias para mantener su equilibrio fisiológico. El bebé parece estar en un estado de desorientación alucinatoria primitiva en la cual la satisfacción de la necesidad pertenece a su propia órbita omnipotente.

Se constata una falta de conciencia del bebé de la madre como diferenciada de sí mismo. Como resultado de este estado de indiferenciación el bebé es incapaz de distinguir si la satisfacción de sus necesidades proviene de las actividades que él mismo realiza o si son el resultado de cuidados proporcionados por su madre. Vive, como dice Winnicott, en una condición de omnipotencia.

Dos elementos, fundamentalmente, permitirán al infante evolucionar hacia la siguiente etapa;

  • El primero se refiere a la condición innata en el ser humano que lo impulsa hacia el vínculo con el medio ambiente y le permite percibir y aceptar los cuidados que la madre le proporciona.
  • El segundo es una madre que proporcione efectivamente los cuidados para cuya recepción el individuo está genéticamente preparado, a tal proceso se le denomina maternación.

Los cuidados y estímulos proporcionados adecuadamente al infante unidos a la predisposición humana a interactuar con el mundo , permitirán el desplazamiento de su energía desde dentro del cuerpo hacia el exterior, invistiendo el mundo que le rodea a través de los órganos de los sentidos.

2ª FASE

Esta fase, se desarrolla del primer al quinto mes aproximadamente. El infante empieza a percibir  la satisfacción de la necesidad como viniendo de un otro externo, satisfactor de la necesidad, aunque aún dentro de la órbita de la unidad dual simbiótica omnipotente con una madre, hacia la cual volverá su atención.

Como resultado de la maduración neurofisiológica, el infante es capaz de romper la coraza que lo mantenía aislado, comienza a sentirse partícipe de una díada, también omnipotente, cuyos integrantes son él y su madre.

Los estímulos comienzan a ser clasificados en placenteros y displacenteros. Estos últimos, con el objeto de mantener intacta la díada simbiótica, son proyectados afuera de la unidad madre-hijo; pero su percepción y su clasificación no transcurren inútilmente, ya que dejan una huella profunda en el infante y permiten la maduración de un paso importante: la demarcación del “Yo corporal”.

El logro más importante en la fase simbiótica es que el infante comienza a percibir  a la madre como diferenciada de él mismo. Mahler demostró, cómo los niños incorporan las pautas de sostenimiento empleadas por sus madres, volviendo a utilizarlas posteriormente para calmar la angustia o como modo de relación con el mundo externo. Muchos niños repiten los sonidos que la madre utiliza para acunarlos cuando intentan dormirse. Al concluir el proceso, cuando termina la fase simbiótica, el bebé ha podido establecer una relación con su madre como ser separado de si mismo.

domingo, 10 de marzo de 2013

Teoría de la simbiosis humana (I)






En las próximas entradas he creído interesante explicar algunos aspectos técnicos acerca de la construcción del psiquismo del bebé desde sus momentos más rudimentarios. Aunque son conceptos algo técnicos, dan cuenta de las operaciones psíquicas implicadas necesariamente en la constitución de la personalidad. En los momentos iniciales de la vida suceden muchas más cosas de las que pensamos...Los bebés no sólo comen y duermen como muchos de nosotros pensamos. Su psiquismo está estructurándose día a día y nuestras atenciones son determinantes en su desarrollo.

Margaret Mahler, con su teoría de la simbiosis humana, es, en mi opinión, una de las autoras más relevantes en cuanto a la conceptualización teórica del desarrollo del psiquismo en sus primeras fases. El término simbiosis se tomó prestado de la biología, en donde se emplea para referirse a la cercana asociación funcional de dos organismos para su ventaja mutua. El concepto de simbiosis describe, metafóricamente, este estado de indiferenciación, de fusión con la madre, en el que el "yo" aún no es diferenciado del "no-yo" y lo interno y lo externo sólo empiezan a sentirse gradualmente como diferentes.

Mahler , detalla como evoluciona el niño en su maduración neurofisiológica, observando cómo se producen los cambios en la conducta psicomotriz y en su interacción con la madre. A partir de estos describe los procesos que organizan la personalidad. Es dentro de esta matriz, de dependencia fisiológica y socio-biológica con la madre, donde toma lugar la diferenciación estructural que lleva a la organización del individuo para la adaptación: el "yo".

Para esta autora, el nacimiento psíquico del individuo no discurre paralelamente al desarrollo biológico; los primeros meses del niño se asemejan a un estado de gestación extra-uterina, se requiere necesariamente del vínculo con la madre como la única posibilidad para la supervivencia biológica y psicológica.

En las próximas entradas detallaré cada una de las fases del desarrollo psíquico infantil que Mahler (1977), a partir de sus investigaciones nos describe...

lunes, 18 de febrero de 2013

El "No" de los niños.

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La fase de negativismo es un periodo evolutivo por el cual pasan la mayoría de los niños entre los 18 meses y los 3 años de edad. Durante este tiempo, los niños responden negativamente a muchas demandas, independientemente de que sean o no de su agrado. Pareciera que emiten una negativa por sistema y que en cierto modo disfrutan del juego que se plantea rechazando una sugerencia, sin importar si se trata de ponerse la ropa o desvestirse, salir a jugar al patio en la escuela, entrar o salir en la bañera o comer lo que les ofrecemos.

Una vez más, la percepción que nosotros tengamos acerca de la mala intencionalidad del niño en sus afirmaciones determinará nuestra respuesta. No es lo mismo interpretar que el niño está en momento de autoafirmación de su personalidad que entender que desafía descaradamente nuestra autoridad. Con sus negativas en muchas ocasiones no tratan de desafiarnos ni establecer un pulso de fuerzas que requiera de una actuación autoritaria para dejarle claro los “límites”. Hay una segunda lectura en sus negativas en la que nos mandan mensajes relacionados con su necesidad de ganar progresivamente mayores cuotas de autonomía. Vale la pena escucharles con atención y oiremos otros mensajes. No es lo mismo interpretar que nuestro hijo rechaza nuestra comida que entender;¡Mamá, quiero comer yo solito!

Veamos algunas recomendaciones que pueden suavizar el conflicto y contribuir favorablemente en su desarrollo evolutivo:

   Siempre que sea posible, ya que hay cuestiones “no negociables”, que atañen a su seguridad, trate de plantear varias alternativas ante una determinada decisión. De esta manera conseguiremos generar en el niño un sentimiento de libertad y control sobre sus decisiones lo que ayudará a que él esté más dispuesto a colaborar. Algunos ejemplos de alternativas serían dejar que su hijo elija entre una ducha o un baño; qué libro quiere leer; qué juguetes se llevará a su habitación; qué ropa se pondrá; qué quiere tomar en las comidas; y así sucesivamente. Para las tareas que no le agraden, déjelo que tome voz en el asunto, preguntándole "¿Quieres hacerlo lentamente o rápido? "o "¿Quieres que lo haga yo, o lo vas a hacer tú?"

   Proporciónale un tiempo de transición para el cambio de actividades. Los niños necesitan un lapso de tiempo para desconectar de una actividad. Por ejemplo, si está jugando y se acerca la hora de la cena, avísale 5-10 minutos antes.

   Evite que su hogar se convierta en un cuartel. A mayor exigencia, menor probabilidad de que el niño esté conforme en cumplir todas la normas. Intente conseguir que su hijo se sienta menos controlado y tenga con él, día a día, más relaciones positivas que contactos negativos.

   No cometa el error de ofrecerle alternativas en cuestiones en las que sólo hay una respuesta aceptable, pero intente guiarlo de una manera tan positiva como sea posible ("Hagamos esto"). Las órdenes como "Haz esto o si no..." pueden funcionar temporalmente pero pierden su efectividad a largo plazo.

   Por último, si no quieres que tu hijo utilice el NO por sistema evita usarlo tú por sistema. A veces es difícil diferenciar si se trata de una fase evolutiva en los niños o en los padres.

Paciencia, ingenio y creatividad son los elementos indispensables para el día a día, evitando litigios, que en ningún caso favorecen ni al niño ni al vínculo con él. 


miércoles, 30 de enero de 2013

¡Fuera pañales!



La pasada semana recibí varias consultas vía mail relativas al control de esfínteres en los niños. Algunas madres se mostraban preocupadas y confundidas por informaciones que habían recibido de la rumorología popular y preguntaban asustadas sobre la “normalidad” de sus hijos en esta cuestión. Es por esto que he creído conveniente dedicar una entrada a este tema.

Como en todo lo relativo a la infancia, esta cuestión no está libre de tópicos y opiniones que consiguen en muchos casos angustiar innecesariamente a los padres;

A los dos años lo normal es que la mayoría de los niños controlen esfínteres….” Como veremos más adelante, la variabilidad en los tiempos en la infancia es significativa. Las cifras son orientativas y los dos años se marcan como inicio del proceso. Pensemos en todo lo que ocurre en los tres primeros años de vida y entenderemos lo que significa un mes en la infancia

“El verano es el mejor momento….”  Sí, es el mejor momento siempre que coincida con que tu hijo esté preparado si no puede ser el peor momento  No es una regla general, dependerá de cada niño, su edad y su momento evolutivo.

Veamos algunas cuestiones relativas a este tema;

Lo que los profesionales denominamos “controlar esfínteres” no supone otra cosa que finalizar un proceso en el que un acto reflejo como la micción y la  defecación, pasa, gracias a la maduración de las estructuras nerviosas pertinentes y no a nuestra insistencia, a convertirse en un acto voluntario. Se trata por tanto de un proceso madurativo más como puede ser el gateo, la marcha o la aparición de las primeras palabras, etc.

La singularidad de cada niño en la adquisición de estos logros hace realmente difícil establecer unos plazos concretos, sin embargo, muchos profesionales emiten juicios acerca de lo que consideran o no plazos “normales”. Pensemos por un momento en las diferencias en los procesos evolutivos de nuestros propios hijos. Hay niños que con 6 meses gatean y otros inician la marcha directamente...Niños que a los 10 meses dan algunos pasos y otros que lo hacen con 18 o 20... Niños que emiten sus primeras palabras a los 12 meses y otros quelo hacen mucho mas tarde. En el control de esfínteres ocurre algo similar. Aunque podríamos marcar orientativamente los dos años como la edada en la que se inicia el proceso, la variabilidad es importante. Cabría  preguntarse  el por qué de esa preocupación desmesurada en la adquisición  de esta habilidad,  que como otros aspectos en el desarrollo normal de los niños, llegará a su debido tiempo, es decir cuando el niño esté maduro.

Aunque muchos niños son capaces de advertir su necesidad de ir al baño alrededor de los 18 meses e indicarlo, esto no significa ni mucho menos que sean capaces de controlar  esfínteres, sería una señal, en todo caso, de que podemos iniciar el proceso.

Las ramificaciones nerviosas responsables del control de esfínteres alcanzan la maduración entre los 18 meses y los tres años. De forma que entre los 2 y los 4 años la mayor parte de los niños puede controlar adecuadamente ambos esfínteres. Al tratarse de un proceso madurativo hay pocas cosas que los padres o el niño puedan hacer para acelerarlo sin que tenga un efecto negativo. De nada sirve amenazar, reprender, premiar se trata más bien de respetar y acompañar de la mano durante el proceso, no dos pasos por delante. Dos señales fundamentalmente nos van a indicar el inicio del proceso: en primer lugar que el niño sea capaz de indicar que está mojado, y en segundo lugar que sea capaz de anticipar la necesidad de ir al baño.

Detrás de muchos casos de enuresis nocturna  (niños que se hacen pipí por la noche) encontramos, tras las entrevistas iniciales, un falso control de esfínteres a los dos años que se produjo, no por el deseo y maduración del niño, sino como respuesta a la demanda exigente de los adultos. Casualmente, los niños que vuelven al pañal después de ese supuesto control por recomendación de la psicoterapia, invierten un plazo de tiempo similar en la adquisición del control real de esfínteres que al que les restaba cuando en su día les quitaron el pañal. Como si de un proceso de autorregulación se tratase, el niño al que se le quitó el pañal forzosamente a los 18 meses sin estar preparado, y que hubiese adquirido por sí solo el control 12 meses después, invertirá 12 meses aproximadamente en volver a adquirir el control.

El problema es que, una vez más, es la exigencia social la que marca los ritmos madurativos de los niños. Los centros escolares exigen como requisito para acceder al segundo ciclo de infantil, que comienza a los 3 años, el control de esfínteres, lo que obliga a muchos padres a acelerar el proceso sin poder respetar la singularidad de cada niño.


José R. Codina Villalón